El termino municipal de Villarejo Seco se halla a caballo entre las estribaciones meridionales de la Serranía Conquense y la Manchuela, lo que va a definir Atardecer en el Seco el perfil orográfico de nuestro pueblo.

Climáticamente, podremos hablar de un mediterráneo continentalizado, es decir, veranos calurosos y secos, e inviernos fríos, en los que el efecto atemperador del Mediterráneo se ve muy atenuado por el carácter interior de esta parte de nuestra provincia, concentrándose las precipitaciones en la primavera y, sobre todo, en otoño. Aunque, en absoluto, podamos hablar de “clima de montaña” la altitud, en torno a los 1000/1100 metros, juega su papel en la climatología secana, haciendo que en los inviernos fríos las heladas puedan ser importantes, o proporcionándonos un muy bien recibido frescor en las noches de verano.

Clima y orografía, principalmente, así como factores edafológicos (características de nuestros suelos) o de aprovechamientos tradicionales del territorio, van a determinar la vegetación y fauna que vamos a poder encontrar en Villarejo Seco.

Sabina Albar Desde el punto de vista de la vegetación, se caracteriza por la presencia de especies típicas del bosque mediterráneo como la encina, también conocida aquí como chaparra o carrasca, y el quejigo (aquí llamado roble), que allá dónde más tiempo llevan los montes librándose del arado o la recogida de leña, forman intrincadas manchas de bosque. Junto a estas especies y, ya sea formando su sotobosque, ya dominando el paisaje, vamos a encontrar numerosas especies de árboles de menor porte y arbustos. De entre las primeras hay que referirse, fundamentalmente, al enebro y a la sabina albar, especie ésta última protegida, por cierto, y que se caracteriza, por su extraordinaria adaptabilidad a la falta de humedad y a los terrenos más pobres y escabrosos; de entre las segundas, aromáticas como el romero, el tomillo y el espliego, comparten hábitat con aliagas, espinos, zarzas, etc.

Quejigo o "Roble" Asimismo mediterráneo es el pino carrasco, que podemos encontrar en el término, salpicando a menudo encinares y zonas de monte bajo. Más serrano, el llamado pino negral o rodeno, forma el espeso y bonito pinar que extendiéndose hacia los términos municipales de Barbalimpia, Fresneda de Altarejos y Abia de la Obispalía, forma el borde meridional de ese inmenso pinar que es la Serranía de Cuenca.

Faunísticamente, nos hallamos ante un campo rico en diversidad, y que más podría serlo si la sequía, la creciente presencia de productos químicos en la agricultura moderna y la falta de prejuicios y mínima conciencia del respeto al equilibrio ecológico de alguna de “nuestras “ escopetas no se hubieran coaligado para impedirlo. Así, aunque algunas especies cuentan ahora con mayor presencia que hace unos años, cualquiera que guste de recorrer nuestros montes sabe de lo difícil que es ahora ver animales antes tan habituales como, sin ir más lejos, el conejo.

En lo que a mamíferos se refiere, el citado conejo, así como otra especie cinegética como es la liebre, forman parte de las especies que, repetimos,Zorro cada vez menos, podemos encontrar en nuestro pueblo. A pesar de la persecución de la que ha sido, y sigue siendo, objeto, la astuta y versátil zorra sigue recorriendo los campos del Seco. Bastante más escaso, e igualmente víctima de la ignorancia que sitúa a ciertas especies en la categoría de alimañas, está el esquivo gato montés. Por terminar con los carnívoros, hemos de decir que, no hace demasiado, habitaba nuestros campos el lobo ibérico, y es presumible que también lo hicieran linces y ginetas.

Entre los mamíferos secanos, mustélidos como el noctámbulo y receloso tejón, así como el turón, denominación bajo la que, seguramente, hemos de englobar, además de al propio turón, a la comadreja y, probablemente, la garduña. Y parece ser, de hacer caso a nuestros abuelos, que en el río de la Sartenilla y en el arroyo de las Tejas antaño podían verse nutrias.

Otro pequeño mamífero que, también con algo de suerte, podemos cruzarnos por las noches es el simpático erizo.

Entre los roedores, podemos encontrar especies como el omnipresente ratón de campo, que a veces se cuela en nuestras casas; y con algo de suerte, o mucha paciencia, en las zonas cerca de manantiales y riachuelos podremos encontrarnos con la rata de agua y con esa especie de simpático hamster que es el amenazado topo de Cabrera.

Corzo Para terminar con los mamíferos, hemos de referirnos al jabalí, abundante en nuestros montes, y al bonito y veloz corzo, que de unos años a esta parte, se deja ver de nuevo por Villarejo Seco. Sin duda, la escasa presencia humana en los campos, debido a la despoblación y, en relación con ello, el aumento de las zonas de monte han favorecido el reciente desarrollo de estas especies. No deja de ser, no obstante, muestra del desequilibrio ecológico de nuestros campos el hecho de que sea mucho más fácil encontrar restos de la presencia del jabalí que del conejo, por mucho que aquel nos pueda parecer un animal ya con mayúsculas por así decirlo, y que a todas nos deja con la boca abierta cuando tenemos la suerte de que se cruce en nuestro camino.

Y si aludíamos a los daños causados por los agroquímicos, por la caza abusiva y por los absurdos prejuicios y mitos sobre alimañas y animales dañinos, en lo referente a los mamíferos, qué decir de las aves. Sistemáticamente, córvidos y rapaces han sido tiroteadas, y sus nidos saqueados, acusadas de acabar con la “caza”…, es decir, con lo que el egoísta ser humano considera su caza. Creo que no es atrevido decir que han conseguido que no quede, por ejemplo, una sóla pareja de urracas en todo el término municipal; o que los halcones, cernícalos, milanos y diversas águilas que antaño se podían observar sin demasiada dificultad enseñoreadas de nuestros cielos, planeando majestuosas, sean cada vez más un recuerdo del pasado. Por desgracia, la teórica condición de especies protegidas de poco les ha valido ante la impunidad con que se les ha atacado.

Y hablando de rapaces, sus primas nocturnas, seguramente por esa condición de nocturnidad, parecen gozar de mejor salud, de hecho el bonito canto de autillo es aún afortunadamente frecuente en nuestras noches en cuanto llega el buen tiempo. Mucho mayor, la mayor de nuestras rapaces nocturnas, el búho real parece que aún planea su enorme envergadura por nuestras noches.Autillos

El buitre leonado, que en otros tiempos era habitual, ha sufrido como en tantas partes la decadencia de la actividad ganadera y el fin del uso de animales de carga, pues, en su condición de carroñero por excelencia, era enorme su dependencia de los animales muertos y arrojados en ciertas zonas del campo circundante. Aún así, es posible con mucha suerte, y de manera muy esporádica, ver algún ejemplar, proveniente seguramente de las importantes colonias de la Serranía, oteando a enorme altura a la búsqueda de algún animal muerto del que alimentarse.

También en cada vez menor cantidad en nuestros montes se encuentran tanto las especies cinegéticas más características, es decir, perdiz roja, paloma torcaz, tórtola y codorniz, como otras más afortunadas en su relación con los cazadores tales como la abubilla, el picapinos (el célebre pájaro carpintero), el abejaruco, el mirlo o el cuco. Entre las aves de menor tamaño, encontramos jilgueros, pardillos, totobías, colorines, ruiseñores, lavanderas y pajaritas de las nieves. Y, entre las aves, más próximas a nosotras, golondrinas, “voladores”, vencejos y gorriones.

En lo referente a nuestra fauna acuática, esta se ve obviamente limitada por el escaso caudal de nuestros arroyos; caudal que, de hecho, en los años secos llega a interrumpirse del todo. No obstante y, por desgracia, nuevamente hemos de referirnos a la acción humana como causante de que, por ejemplo, no quede un cangrejo en nuestros riachuelos. No hace muchos años, a nuestro pueblo llegaban noche si, noche también, furtivos con sus lamparillas desde otras provincias inclusive.

Tampoco hemos de olvidar que la fauna acuática es la primera víctima de la saturación de productos químicos de nuestro campo. Y, probablemente, entre ellos y la sequía han acabado con nuestra población, antes tan abundante, de bogas o luinas. Al parecer, según los mayores, antes en nuestro río también habitaba el barbo.

De la decadencia tampoco se salvan las ranas, que cada vez dejan oír menos su croar en nuestras fuentes y arroyos. El primo terrestre de las ranas, el sapo, más conocido en estos lares como escuerzo, parece que goza de mejor salud y aún puede verse por las noches aventurándose, atrevido él, por las calles del pueblo.

Lagarto Ocelado Entre los reptiles, y además de lagartijas como la rara colirroja, podemos ver lagartos, en concreto el lagarto ocelado, especie fundamentalmente insectívora, pero que también puede alimentarse de frutos, restos de animales muertos e, incluso, en su edad adulta cazar algún ratón o pájaro de pequeño tamaño.

Y, siguiendo con los reptiles, hay que referirse a los ofidios: las culebras y serpientes. Animales que han sido siempre víctimas de una injustificada mala fama y que, tantas veces, han sido muertos a palos o pedradas allí donde eran encontrados sin más razón para ello que la ignorancia y el prejuicio. No olvidemos que la mayoría de estos animales son absolutamente inofensivos, de hecho, con un poquito de cuidado y siempre que sepamos ante que especie nos encontramos, pueden cogerse con la mano sin mayor problema. De algunas, lo más que nos podríamos llevar en caso de “conflicto” es un mordisco sin mayor importancia. E, incluso, es extremadamente raro que la famosa víbora (la única culebra realmente venenosa) muerda a alguien: sólo lo hará si es molestada y no le queda opción de huída, y hasta en este caso extremo es muy raro que la picadura tenga consecuencias graves.

Son varias las especies que podemos encontrar, si bien no es fácil verlas, pues son animales esquivos que acostumbran a pasar la mayor parte del tiempo ocultos, ya sea reposando, ya al acecho de alguna presa (insectos, ranas o sapos, pequeños mamíferos, etc) a la que echar mano. En nuestro pueblo habitan, por ejemplo, la culebra de escalera, la culebra bastarda, la culebra de collar, o la absolutamente inofensiva culebra de agua o viperina.

Con cuidado, procurando no molestar al animal, y sin olvidar que, sin estar seguros de ante que especie estamos, es preferible no acercar la mano (un picotazo de víbora puede ser pero que muy molesto) podremos distinguir a las víboras por una serie de rasgos: en primer lugar, son culebras de pequeño tamaño y finas; en segundo, el resto de culebras o serpientes que podamos encontrar tienen la pupila redondeada, mientras que la víbora la tiene vertical; por último, la cabeza de las demás culebras tiende a ser ovalada, mientras que la de la víbora es más bien triangular, aunque aquí conviene señalar que esa forma de cabeza es imitada por la culebra de agua, de ahí su nombre alternativo de culebra viperina, rasgo que, probablemente, lo que busca es disuadir a posibles depredadores, al ser confundida con su venenosa pariente. De todos modos, y sea cual sea la especie, merece la pena observarlas con detenimiento si nos cruzamos con alguna. Eso sí, procurando no molestarlas.

En fin, a modo de introducción, esperemos que sirva esta introducción a nuestro medioambiente para que el lector se haga una idea aproximada de las riquezas de nuestros montes. Por supuesto, no esta escrita por un experto, de manera que disculpad por adelantado las incorrecciones u omisiones que pudierais encontrar. Por supuesto, cualquier corrección o añadido será bien recibido.

Confiamos en que se os despierte, siquiera un poquito, el interés por nuestros campos, por recorrerlos y observar sus árboles y matorrales; por observar alguno de esos animales que comentábamos sin lamentar no llevar la escopeta encima, o pensando lo sabroso que estaría en caldereta con unas patatitas. Sería muy optimista pensar que de ese interés, de ese conocimiento, surja necesariamente el respeto; de ingenuos ya no tenemos un pelo, por lo menos en estos temas, y sabemos que hay sujetos que no tienen arreglo… pero, bueno, por intentarlo que no quede.

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