Hace ya un año que se anunció que el agua en el pueblo superaba los límites fijados por la Unión Europea (50mg/l). Desde entonces, y ante la falta de soluciones aportadas por el ayuntamiento de Villar de Olalla, cada cual se ha apañado como mejor ha podido: l@s más, se gastan sus buenos euros en agua embotellada; otr@s se la traen desde sus lugares de residencia habitual; y no faltan quienes, indiferentes a las advertencias, siguen bebiendo del grifo.

Del escueto comunicado que el Ayuntamiento distribuyó, por decirlo de algún modo, en el pueblo, cabe deducirse que el consumo de agua contaminada por nitratos está desaconsejado en personas con problemas de salud, ancianos, bebes, etc. Lo que no dice es que la contaminación por nitratos en agua y alimentos está asociada a algunos tipos de cáncer, problemas de tiroides y dificultades reproductivas, entre otros problemas de salud. Es, pues, un problema bastante serio y que, sin duda, merecería una información más detallada por parte de nuestras autoridades municipales que las breves notificaciones colgadas en Ca´la Eusebia y las Cuatro Esquinas.

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Al parecer, el problema tiene mala solución a corto y medio plazo: resulta complicado encontrar un manantial o perforar un pozo que no se vaya a presentar valores que ya superen, o que se hallen próximos, al límite máximo permitido. Es más, el problema parece que no es exclusivo del Seco y en Poveda parece ser que andan aun peor.

Se habla de que se podría instalar una pequeña planta desnitrificadora en el depósito, visto que el reparto de agua embotellada o el llenado del depósito con cubas no entra en los planes de nuestras autoridades locales. En cualquier caso, esto no sería nada más que un parche, porque el verdadero problema que está afectando al Seco, entre multitud de localidades en toda España y en muchos otros países, va más allá del incordio de tener que andar comprando agua.

Los nitratos que contaminan las aguas subterráneas tienen un origen muy bien conocido: los fertilizantes que se utilizan en la agricultura. Uno de los principales elementos que necesitan los vegetales para su desarrollo es el nitrógeno, y, precisamente, de los abonos nitrogenados proceden los nitratos que contaminan nuestra agua.

Actualmente, la agricultura está contemplada desde un punto de vista meramente comercial, se trata de obtener el mayor rendimiento posible por superficie de terreno cultivada aunque para ello haya que emplear todo tipo de productos químicos altamente tóxicos. Como consecuencia de ello, nuestra naturaleza, como la de muchos otros lugares, es, en realidad, una naturaleza contaminada, atiborrada de compuestos que no se ven, ni se huelen, pero que envenenan la flora, contaminan las aguas, aniquilan la fauna, como bien saben los cazadores y quienes gustan de andar por el campo, y terminan por afectarnos a nosotros, los humanos.

Los nitratos, entre otros restos de fertilizantes, terminan en los manantiales y arroyos. Por eso, no sólo hay que pensárselo dos veces antes de beber en ellos, sino que son los responsables de que estén llenos de algas, carrizo, juncos… donde antes se podía pescar y algún@s hemos tenido incluso la suerte de bañarnos, ahora apenas se ve el agua. ¿La razón?, esos residuos hacen que la vida vegetal prolifere en el agua; ese exceso de vegetación consume el oxígeno, lo que es fatal para la fauna acuática. ¿Quién fue el último que vio en el río un pez, una rata de agua o un pato?

El campo del Seco no es un campo especialmente productivo; de hecho, ni siquiera usando las enormes cantidades de agroquímicos que se emplean sería rentable si no fuera por las subvenciones de la UE. Quizás, habría que plantearse si esas subvenciones no deberían estar ligadas al desarrollo de una actividad agrícola respetuosa con el medio ambiente, aunque fuera a costa de una menor productividad. Por desgracia, parece difícil que algo así vaya a suceder. Por codicia o por desinformación, los agricultores no parecen estar por la labor; por codicia y perfectamente informadas, las empresas productoras de fertilizantes y pesticidas presionan a los gobiernos y a la UE para que no se tomen medidas. Algo tan sencillo y tan aparentemente de cajón como dejar de emplear esos fertilizantes, o emplearlos en menor cantidad, al menos en las proximidades del pozo del que bebemos, ni se ha planteado, ni creemos que se plantee. O nadie parece darse cuenta del problema, o nadie quiere perder un puñado de euros.

En fin. Podemos tomarnos esto como un simple incordio, incluso como una mera anécdota, o podemos tomárnoslo muy en serio. La Tierra nos manda avisos, pero hay que querer escucharlos.

Imagen del artículo: Vías de ingestión de los nitratos y nitritos y sus posibles efectos tóxicos. Extraida de “Aminas y toxicidad” (http://www.monografias.com/trabajos94/aminas-toxicidad/aminas-toxicidad.shtml)

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