Dicen que San Blas es el patrón de las enfermedades de la garganta, pero también debe de entender de gripes y sabañones, porque lo raro es que quienes estuvimos el pasado fin de semana por el pueblo no acabáramos con un trancazo de tres pares de narices. Y es que si en Madrid, Barcelona o Valencia  “refrescó” algo, en el Seco no hacía frío, no, hacía lo siguiente. Y es que quién esto escribe, que ya va llevando unos cuantos, los recordaba muy fríos, nevados incluso, pero nunca con estas gélidas temperaturas.

En fin, dejando los aires siberianos aparte, las fiestas transcurrieron con el buen ambiente que las caracteriza, aunque tal vez con menos foraster@s que otros años, a los que, seguramente, el tiempo les echó para atrás. Ell@s se lo perdieron.

El viernes, como es habitual, se iniciaron las fiestas con el encendido de la hoguera, espectacular este año, por cierto. A media noche vendría el pregón a cargo, en esta ocasión, de un concejal del Ayuntamiento de Villar de Olalla, para dejar paso a nuestro hombre orquesta, quién una vez más constató que en esto de la música popular y verbenera también vale aquello de “más vale sólo que mal acompañado”.

Como es habitual, entre viajes a Ca´lausebia a por avituallamiento, y a las calles aledañas a evacuar el exceso del mismo (que por cierto, se helaba y alguno se dio un castañazo al pisar los congelados restos de una micción ajena… pero eso es otra historia) y bailoteos más o menos afortunados, que de todo hubo, transcurrió la madrugada. Y si hacía falta echarle valor para ir a las siete de la tarde a ver como se encendía la hoguera, de héroes ha de calificarse a quienes, a muchos grados bajo cero, aún tuvieron la osadía de ir a sus casas a buscar vino, pan, carne y parrillas para subir a la hoguera a tomar el tradicional desayuno samblasero. Paliativo resaquil  de cuya eficacia podemos dar fe, por cierto, que no es lo mismo irse a la cama con el estómago lleno de un mejunje polialcohólico, que de un bocata de panceta y un trago de vino.

El sábado, con un teleclub abarrotado de gente de diferente edad y condición, y cuando digo condición me refiero al grado de resaca acumulado, se celebró un año más el concurso de vinos. Y un año más, se pudo comprobar como los vinos de Trascasa, a pesar de sus afamadas cualidades eran relegados por un jurado cuyo veredicto fue recibido con gritos de “tongo” y “corrupción, en la federación”. En las cuevas, les esperamos este verano, en las cuevas… a ver si allí puntúan igual, a ver…

Respecto a los sorteos también se pudo asistir a la curiosa coincidencia, que desafía sin duda todas las leyes de la probabilidad, y que no dejó de dar lugar al necesario cachondeo, de que jamón y tarta recayeran en las mismas manos… Eso sí, ya se sabe que la idiosincrasia es la idiosincrasia y no anduvo cicatero el cuchillo a la hora de sacar raciones de dichos manjares para el disfrute de tod@s.

Esa noche, aunque con los cuerpos más castigados y a pesar del lento rosario de deserciones, también se bebió y bailó hasta las tantas.

Y ya como colofón, la tradicional procesión y la ya no menos tradicional subasta, aunque este año quizás algo deslucida porque hubo de hacerse a cubierto, en el pabellón multiusos, porque, no se si lo habíamos comentado ya, pero es que este San Blas hizo un frío…

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